Los Piropos…
“Los hay de todo tipo, graciosos, simpáticos, groseros y de los que hacen sentir bella y especial a una mujer.
Algunas están preparadas para contestar, a otras las pillan de sorpresa y salen huyendo… otras incluso sueñan con recibir algún piropo algún día.
Todas han recibido o escuchado alguna vez piropos en la calle, pensando en ello una dama muy talentosa para las letras (Chuchi González) investigó porqué a los piropos se llaman piropos en lugar de “palabras dichas al pasar”, “palabrotas necias”, “reconocimiento de belleza”, “expresión de alegría”, “torpeza masculina” y demás.
Según ello, el origen de la palabra proviene del griego “pyropus” que significa “rojo fuego”. La historia cuenta que los romanos utilizaron esta palabra para referirse a las piedras finas de color rojo como el rubí.
El rubí entre los amores romanos era la piedra que significaba “corazón,” la que el amante (adinerado) obsequiaba a la novia en señal de entrega afectiva.
Los que no tenían “con qué” acceder a tal significante acto, “usaban” palabras bellas y emotivas como metáfora de aquella entrega.
A partir del siglo XVII comenzaron a usarse como actualmente se conoce, es decir como “una forma de llamar la atención de una mujer o una forma de expresar lo que despierta la belleza de esa mujer que pasa”, y se utilizaron en poesías y relatos.
En la época del amor cortés, período de las cortes medievales, los juglares a través de sus poesías confesaban el amor platónico que sentían por la reina de la corte delante de todos los presentes como símbolo de la admiración de los valores sublimes que esa fémina despertaba en su andar.
Los piropos –según Chuchi - son como alarmas que van marcando el paso de las féminas por la vida.
Es bien sabido que, para muchas mujeres cuando salen a la calle y alguien las piropea en forma agradable, su “yo” vanidoso les palmea y se sienten orgullosas de despabilar “inocentes”; esas palabras mágicas que bien son fórmulas que hablan de que siguen siendo deseadas por los demás, y que pese a la edad que tengan.
Sociológicamente la vejez se relaciona con el hecho de dejar de ser deseado para los demás. Cuando no encienden esa “llama de curiosidad”, de éxtasis, de seducción, podrían interpretar que están “envejeciendo”.
Por eso un buen piropo puede convertirse en el punto de partida de un buen día, o la motivación extra para seguir haciendo ejercicio o dieta, o el motor para generar cambios.
Como todo cierre, me encanta el final de “tomillo” que le imprime a su escrito, el cuál reproduzco fielmente por gracia y didáctica:
“ … Y recuerda que cuando teníamos 18 años y alguien nos decía algo, nos mordíamos los labios y las mejillas se nos ponían coloradas. A los 25 años los mirábamos con desdén y mofábamos. A los 35 años sonreímos agradecidas. Y a los 40 años, llamamos por teléfono a nuestros amigos y familiares para que estén de testigos y les pedimos que nos lo repitan, una y otra vez o lo filmamos con el celular”.
Chuchi González.